Lápida de Murensis (principios del siglo VI d.C.)

Mármol amarillento / 78 cm de altura, 50 cm de anchura y 20 cm de grosor.

Museo de Huelva, Colección Junta de Andalucía. Nº Invent. 7387.

Depósito de D. José Mª Martínez Bueno y D. José Gómez-Feria Prieto.

 

 

 

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La lápida del obispo Vincomalos se encontró junto a otras lápidas paleocristianas en Los Bojeos (Bonares). La mejor conservada está partida en dos partes. En la cabecera tiene grabada una paloma, debajo un crismón en doble círculo con el anagrama y las letras alfa y omega, y en una posición inferior dos flores, probablemente hojas de hiedra o de vid. A partir de aquí se desarrolla la inscripción en cinco líneas:

MVRENSIS/ FAMVLVS DEI/ VIXIT ANNOS/ LV RECESSIT...

Murense, siervo de Dios, vivió 55 años, descansó.....

El nombre de Murensis está atestiguado en una carta de San Agustín, pero no sería extraño que derivara de un topónimo, pues con el término Mures se conocía en la Edad Media a la población cercana de Villamanrique de la Condesa. La tapa del sarcófago de Murensis recuerda los cimacios decorados de época visigoda y su forma es muy poco común. Sólo se conocen paralelos en la sede de Sevilla, en la lápida del obispo Honoratus y en otra de Coria del Río.

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Dentro del formulario epigráfico de los epitafios cristianos de la provincia de Huelva llama la atención en primer lugar el nombre de los difuntos, en especial el de Domigratia de una lápida funeraria de Almonte, un nombre cristiano que recibió la niña en forma sincopada de Dominigratia, algo parecido a lo que comentamos del nombre del obispo Vincomalos. La conversión cristiana tuvo sus consecuencias en la adopción de los nombres, pues desaparecen los tria nomina romanos, elementos de distinción social y ciudadanía. Habría un gran interés en usar nombres nuevos, alejados de la tradición clásica, y con elementos de diferenciación cristiana. Pero junto a la onomástica netamente cristiana, continúan utilizándose nombres paganos, incluso en personajes influyentes de la iglesia, como Isidorus (regalo de Isis), Origenes (hijo de Horus) o Martinus (de Marte). Como signo de fe se prefiere la fórmula Famula Dei / Famula Cristi (sierva de Dios/sierva de Cristo), que sustituye a la gens y a la origo de los epitafios romanos. Importaba ya más la confesión de fe cristiana que la indicación del parentesco y la procedencia. Fórmula también cristiana es la manera de indicar la muerte, requievit in pace/ressesit in pace; en la sede metropolitana hispalense es más frecuente recessit, mientras en la emeritense es más usual el término requievit, la mayoritaria en los epígrafes cristianos de Huelva. Se indica también el día de la muerte según los meses del calendario Juliano y su división, las Calendae, el primer día del mes, las Nonas, el día 5 o 7 según los meses, y los idus, el día 13 o 15 según los meses. El año se expresa según la Era Hispánica, a partir del año 38 a.C., fecha de la introducción del calendario Juliano en Hispania. Éste cómputo se mantendría en Castilla y León hasta que el rey Juan I cambió en el 1383 la indicación del año a partir de la Navidad de Cristo.

Dentro de las decoraciones funerarias se manifiesta la fe cristiana en el símbolo del anagrama del nombre de Cristo (crismón) con las letras alfa y omega, primera y última del alfabeto griego, trasunto del principio y el fin que utiliza el Apocalipsis de San Juan para nombrar a Cristo; las cruces, símbolos de la pasión de Cristo; y las palomas y el crismón, semblanza iconográfica de la comunión cristiana. Las palomas, representación del cristiano, aparecen en los mosaicos funerarios del Norte de África junto a temas eucarísticos, en alguna ocasión con epígrafes relativos a la abundantia in pace después de recibir la comunión.

J.A.P.M.