Anónimo
sevillano
Cristo
atado a la Columna
(1670-1700)
Escultura
en madera policromada. 153 cm.
Hinojos.
Iglesia parroquia de Santiago Apóstol.
El
7 de marzo de 1892, el arzobispo de Sevilla, D. Benito Sanz y Forés, concedió
en calidad de depósito a la Hermandad de las Cigarreras, esta imagen del Cristo
atado a la Columna. Dicho simulacro, procedente del extinguido convento
hispalense de agustinos del Pópulo, recibía por aquel entonces culto en la
iglesia parroquial de Santa María Magdalena[1].
Tan
hermosa escultura, atribuida al círculo de Pedro Roldán, se convertía así en
el tercer titular de esa corporación penitencial. En 1916 fue sustituida por la
nueva talla de Joaquín Bilbao. Entonces, gracias a la intervención del célebre
escritor y canónigo de Sevilla, D. Juan Francisco Muñoz y Pabón, natural de
Hinojos, el cardenal Almaraz ordenó el traslado de dicha efigie cristífera a
la parroquial de la mencionada villa.
Esta
imagen del Flagelado puede relacionarse con otras del mismo tema de fines del
siglo XVII y principios del XVIII. En este sentido, nos recuerda el Cristo atado
a la Columna de la iglesia de San Juan de la Orotava (Tenerife), encargado a
Pedro Roldán en 1689[2].
En ambas versiones, el cuerpo se inclina hacia adelante mediante una curvatura
de las cervicales y ligera inflexión de las rodillas, estando atadas sus
deliciosas manos a una columna de fuste bajo y separando las piernas para
conseguir una mayor estabilidad. Tan sólo un escueto paño de pureza, artísticamente
plegado, cubre la desnudez de su cuerpo.
Similares
características formales e iconográficas presentan las esculturas conservadas
en la parroquia de Santa María de la Mesa, de Utrera, atribuida a Francisco
Antonio Gijón; y en el convento de Santa Isabel, de Écija. Esta última fue
efigiada en 1700-1701 por algún miembro del taller Roldán[3].
El
Cristo de Hinojos, restaurado en 1993 por Ricardo Comas, hace gala del acabado
naturalismo y acertado movimiento del pleno Barroco sevillano[4].
Su realismo es patente en la interpretación de las heridas y traumatismos
producidos por la flagelación. Su piel, de atinada encarnadura, queda manchada
de sangre a causa de los múltiples latigazos, insistiendo en la nota cruenta
del martirio. Su desfallecida actitud, teñida de humilde aceptación ante el
sacrificio supremo, expresa con la mayor elocuencia la súplica del texto
sagrado: “Oh, pronto, respóndeme, Yahveh, el aliento me falta; no escondas
lejos de mí tu rostro. Pues sería yo como los que bajan a la fosa” (Sal.
143).
J.M.G.G.
[1]
HERNANDO CORTÉS, Carlos: Historia de la Real e Ilustre Hermandad y
Cofradía de Nazarenos de la Sagrada Columna y Azotes de Nuestro Señor
Jesucristo y Nuestra Señora de la Victoria. Trabajo de investigación
inédito.
[2]
BERNALES BALLESTEROS, Jorge: Pedro Roldán. Sevilla, 1973, p. 75.
[3]
GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y RODA PEÑA, José: Imaginería
procesional de la Semana Santa de Sevilla. o.c., p. 234
[4]
GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús: Catálogo
Monumental de la Provincia de Huelva. o.c., p. 262.