Jan
Sanders van Hemessen
(h. 1500- h. 1556)
Llanto
sobre Cristo muerto (hacia
1540)
Temple
al huevo / tabla. 124 x 88,4 cm.
Ayamonte. Iglesia parroquial de Nuestro Señor y Salvador. En depósito en la Casa Grande
El
Llanto sobre Cristo muerto ocupaba el espacio central del antiguo retablo
del Salvador de Ayamonte, que hemos atribuido al pintor de Amberes Jan Sanders
van Hemessen, y que probablemente fue realizado hacia 1540[1].
La
escena se desarrolla en un espacio abierto, en un paisaje apenas insinuado por
una roca, unos árboles, la hierba verde, todo envuelto en la atmósfera del
atardecer. José de Arimatea y Nicodemo desclavaron el cuerpo de la cruz, y,
conforme a la costumbre judía de sepultar, se disponían a envolverlo en vendas
con los aromas y en una sábana nueva para colocarlo en un sepulcro nuevo que
Arimatea había hecho excavar en la roca en un huerto de su propiedad, y que se
hallaba cerca del lugar de la crucifixión. Testigos del doloroso momento eran
la Madre de Jesús junto con María Magdalena (Mt. 27, 57-61; Mc.
15, 42-47; Lc. 23, 50-55; Jn. 19, 38-42)..
El
cuerpo de Jesús es sostenido aún por las sábanas que sirvieron para bajarle
del patíbulo. Pesadamente le cuelga el brazo derecho, cuya mano toca ya el
suelo. Las señales del sufrimiento aparecen bien visibles en el cuerpo
ensangrentado. El brazo izquierdo es tomado por María, que acerca la mano a su
rostro para besarla y sentir su fría caricia.
María,
la Madre de Jesús aparece envuelta en un amplio manto azul oscuro y su cabeza
se vela con una blanca toca. A su derecha e izquierda, José de Arimatea y
Nicodemo realizan el piadoso esfuerzo de sostener el cuerpo de Jesús, para
depositarlo en el sepulcro. Arimatea, el mayor, interpela al espectador integrándolo
en la escena. Nicodemo, el joven, viste ricos brocados, y calza bota alta. El
sarcófago, en alusión culta al mundo clásico, se decora con una cartela en
relieve, rematada por una calavera. De pie, San Juan presta su apoyo a la Virgen
María, atento a los sagrados despojos del Salvador. En el extremo del cuadro,
en una tabla hoy perdida, completaba la composición Magdalena de pie a la
izquierda, en arrebatado gesto de dolor. Jan van Hemessen establece un fuerte
juego cromático entre los rojos de los mantos de San Juan y Santa Magdalena con
los fríos y oscuros tonos de los verdes y azules intermedios, para vibrar de
nuevo en la palidez del cuerpo de Jesús y en el blancor deslumbrante del
sudario.
El
gusto por la atmósfera y el color no hacen perder de vista al autor el valor
del dibujo. Sin llegar en ningún momento a la dureza de la línea, aprovecha
los contrastes lumínicos o cromáticos para recortar las figuras sobre fondos
contrapuestos. Destaca la prestancia plástica, casi táctil, de las formas, de
los agraciados pliegues, y muy especialmente la tersura de la piel de su
rostro y de sus manos. La tez de María es brillante y pulida, síntesis de las
encarnaciones de los flamencos y del sfumato leonardesco.
La
integración de las figuras en el espacio es lograda por medio de una acertada
iluminación, combinando luces y tonos de color. La superación de la
perspectiva lineal por el espacio denota la asimilación del manierismo por
parte de Jan van Hemessen.
Junto
con las demás tablas del conjunto del Salvador de Ayamonte, fue restaurada por
Jesús Mendoza Ponce y María Paternina entre septiembre de 1992 y diciembre de
1993.
Se
halla depositada, con las restantes tablas del Salvador, en la sala de
exposiciones de la Casa Grande de Ayamonte, desde diciembre de 1998, por
convenio suscrito entre el Ayuntamiento de Ayamonte y el Obispado de Huelva, con
fecha 19 de julio de 1996.
M.J.C.T.
[1]
CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús: Jan van Hemessen y el Retablo del
Salvador de Ayamonte, o.c., ps. 55-61.