Anónimo
sevillano, del círculo de Roque Balduque
Cristo
de la Sangre (hacia
1550)
Escultura
en madera policromada / 125 cm.
Beas. Iglesia parroquial de San Bartolomé
El
Cristo Crucificado, conocido como Señor de la Sangre, preside la capilla mayor
de la Parroquial de San Bartolomé[1].
Se halla clavado por tres clavos a una cruz arbórea, cilíndrica, con corteza y
nudos tallados. Ostenta potencias de plata, de principios del s. XVIII, y fina
corona de espinas, de ramas naturales, sobrepuesta. El dorado paño de pureza es
estrecho, horizontal y pegado a los muslos; se recoge en moña en la cadera
izquierda, y en sus pliegues centrales recoge el río de sangre que mana del
costado abierto.
La
cabeza reclinada a la derecha, se yergue por el progresivo rigor mortis.
En su enjuto rostro resaltan las cuencas orbitarias y el surco nasogeniano, la
nariz afilada y los pómulos acusados y prominentes. Los ojos cerrados y la boca
entreabierta contribuyen a dramatizar la figura. La cabellera cae abundante tras
el cuello, tratada en pequeñas guedejas. Unos mechones sueltos y ondulados
reposan sobre el hombro derecho. La barba bífida, tratada en pequeñas masas,
deja ver el tenso cuello por el lado izquierdo.
El
seco tórax tiene marcadas las protuberancias del reborde condrocostal. Al
hundirse el vientre, resalta la cresta ilíaca. Las rodillas, adelantada una
sobre otra, se separan ligeramente. Los pies se sobreponen, algo cruzados,
resaltando los maléolos tibiales y la articulación del tobillo.
Es
un Cristo ensangrentado, que hace justo honor a su título. Además de los
largos regueros de sangre que bajan de la cabeza, y de las llagas del costado,
de las manos y de las rodillas, se cruzan las señales de los lacerantes
flagelos en el torso, brazos y piernas, en pares de líneas tumefactas, que,
tras la restauración, destacan más sobre una policromía cálida.
El
tratamiento de la anatomía, adusta y seca, nos recuerdan las esculturas que se
atribuyen a Roque Balduque, de los años cincuenta de la decimoquinta centuria.
No podemos olvidar que en la misma iglesia parroquial se venera una Virgen del
Rosario, atribuida al mismo círculo del maestro hispano-flamenco[2].
En fotografías antiguas del retablo mayor, de Francisco de Barahona, obtenidas
antes de su destrucción en 1936, puede apreciarse cómo esta imagen se
encontraba coronando el ático, en un espacioso tabernáculo a su medida[3].
Debió
ser la imagen titular de la Hermandad de la Vera Cruz, que radicaba en la ermita
de San Bartolomé, y hacía su procesión el Jueves Santo con sermón
preparatorio. Celebraban la fiesta de la Invención de la Santa Cruz, el 3 de
mayo, y las misas por los hermanos difuntos[4].
Ha
sido restaurado para esta exposición por Martín Sayago García, en agosto de
2004.
M.J.C.T.
[1]
CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús: La escultura del Crucificado en la
Tierra Llana de Huelva, Huelva, Diputación Provincial, 2000, ps.
255-258.
[2]
HERNÁNDEZ DÍAZ, José: “Iconografía hispalense de la Virgen-Madre en la
escultura renacentista”, en Archivo Hispalense, t. II, nº 3,
Sevilla, 1944, p. 24. GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y Manuel Jesús CARRASCO
TERRIZA, Escultura mariana onubense, o.c., ps. 488-489.
[3]
Una reconstrucción ideal, según dibujo de Santiago Copado García, en CARO
QUESADA, María Salud: Noticias de Escultura (1700-1720), t. III de Fuentes
para la Historia del Arte Andaluz, Sevilla, 1992, p. 37. La fotografía,
en Lám. XI.
[4]
HERNÁNDEZ PARRALES, Antonio: Historia de las Hermandades de Vera-Cruz,
Sevilla, 1970, edic. Posadas (Córdoba), 1994, p. 252.