Anónimo
sevillano
Cristo
atado a la Columna
( h. 1700)
Escultura
en madera policromada. 120 cm.
Trigueros.
Iglesia de la Misericordia.
La
flagelación, recogida en los textos sagrados (Mt. 27, 26; Mc. 15,
15; Lc. 22, 16 y 22; Jn. 19, 1), no se sabe a ciencia cierta como
se efectuó. No obstante, los exégetas la consideran uno de los mayores
tormentos de Cristo durante la pasión. Ya en el praetorium o tribunal de
justicia de Pilato, el gobernador de Judea, con intención de salvarle, ante la
obcecación judía, mandó azotarle. Los azotes oscilan entre los cuarenta,
prescritos por la ley judía, y los más de cinco mil de que habla hiperbólicamente
Santa Brígida de Suecia[1].
En consecuencia, el arte medieval presenta a Jesús, casi
siempre desnudo, atado a una columna del Pretorio y flagelado por dos o tres
sayones. Los verdugos que ejecutan el castigo utilizan varas de abedul o látigos
con tiras de cuero. A veces, uno de ellos está sentado no muy lejos atando un
nuevo haz. Asimismo, puede estar presente el propio Pilato, sedente en su sede
judicial, ostentando una corona de laurel, emblema romano de su autoridad.
Posteriormente, los artistas flamencos e italianos, de forma especial en
pintura, incluyen ciertos espectadores. Entre ellos, a veces, figura la Virgen,
originándose así el tema iconográfico de la Compasión de María[2].
El
Cristo flagelado de Trigueros es cotitular de la Real y Sacramental Hermandad de
Jesús y María. Cubre su desnudez con un simple paño de pureza cordífero. Se
encorva y gira suavemente su cabeza hacia la derecha. Aparece atado a una
columna troncocónica baja, que recuerda a la de Santa Práxedes de Roma. La
referida columna, trasladada a esa iglesia romana en 1223 por el cardenal Juan
Colonna, no tuvo repercusión artística hasta después de 1563. A partir de esa
fecha, los tratadistas artísticos y moralistas del concilio de Trento la
divulgan como original, pues la creían procedente del Pretorio de Pilato[3].
Dicha
escultura cristífera, inmersa en el espíritu contrarreformista, acentúa su
carácter sacro y penitencial mostrando sobre su testa la consabida corona de
espinas y las tres potencias, tan del gusto artístico hispalense; al tiempo que
transmite toda una espiritualidad de confianza y abandono en la desgracia, tan
bien expresado por el salmista: “Yahveh, escucha mi oración, llegue hasta ti
mi grito; no ocultes lejos de mí tu rostro el día de mi angustia; tiende hacia
mi tu oído, !el día en que te invoco, presto, respóndeme!” (Sal.
102, 1-3).
J.M.G.G.
[1]
HALL, James: Diccionario de temas y símbolos artísticos. o.c., p.
141.
[2]
GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel: “Cuando Cristo pasa por Sevilla: Escultura,
Iconografía y Devoción”. En Sevilla Penitente, vol. II. Sevilla,
1995, p. 101.
[3]
GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel: “Imaginería de la Semana Santa de Sevilla
en la segunda mitad del siglo XX”. En Las Cofradías de Sevilla en
el siglo XX. Sevilla, 1992, p. 321.