Anónimo de escuela flamenca

Ecce Homo (hacia 1600)

 Óleo sobre lienzo. 145 x 107 cm.

Aracena. Hogar Reina de los Ángeles, Hermanitas de los Ancianos Desamparados

 

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El lienzo de escuela flamenca que conservan las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en su capilla de Aracena, representa la escena del Ecce Homo, tal como lo narra, con gran dramatismo y sentido escenográfico, el evangelista San Juan (Jn 18, 28 - 19, 16). Pilato, después de interrogar repetidamente a Jesús y no encontrar motivo alguno de condena, a pesar de las reiteradas acusaciones de los judíos, intentó el vano recurso de castigar a Jesús, para contentar al pueblo y demostrarles que el supuesto enemigo se hallaba derrotado e inofensivo. Los soldados se ensañaron con él: después de azotarle, se burlaron de él, tratándolo como rey falsario e impostor. Trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; le vistieron un manto raído de púrpura, y le sujetaron en las manos atadas una caña a modo de falso cetro. Sacó entonces a Jesús a una terraza o tribuna que daba al exterior del palacio, y lo mostró al pueblo: “Ecce Homo. Aquí tenéis al hombre”. Pero, lejos de contentar a la plebe, hostigada por los sumos sacerdotes y miembros del Sanedrín, pidieron con más fuerza que lo crucificaran. Finalmente, Pilato se sentó en el lithóstroto, se lavó las manos en señal de inhibición en la causa (Mt 27, 24), y se lo entregó para que lo crucificaran.

El autor ha pretendido seguir con fidelidad el relato, completando con su imaginación los detalles ambientales que escapan al sobrio relato evangélico. El estrado abierto se sitúa a cierta altura sobre el nivel del pueblo, teniendo como fondo el palacio, descrito como un edificio de orden clásico, ventanas con frontón triangular y una balconada corrida. Jesús, semidesnudo y sangrante, muestra los signos de la burla: la corona de espinas, la clámide, las manos atadas, la caña como cetro. La belleza de su anatomía y el halo luminoso que irradia su cabeza nos habla de la persona de Cristo, el Verbo sufriente, en su doble naturaleza, humana y divina. Pilato, vestido con larga túnica y manto rojo con las mangas abiertas, luce un turbante en su cabeza que lo caracteriza como un romano orientalizante. Los soldados llevan armadura ligera y yelmo. Abajo, entre el populacho aparecen personas de diversas clases y vestimentas. A la izquierda del estrado, un personaje ya lleva preparada una gran cruz para la sentencia de muerte que reclamaban.

La composición abunda en rasgos estilísticos propios del tardomanierismo, interpretados por los talleres flamencos hasta mediados del siglo XVII, entre los que podemos citar el predominio de la figura humana sobre la arquitectura, los colores tornasolados, y un incipiente intento de romper las formas cerradas, entre otros.

          M.J.C.T.