Juan de Dios Fernández (h. 1756-1801)
La
noche de Navidad en Greccio
( h.1795)
Óleo / lienzo. 196 cm. x 248 cm.
Palos
de la Frontera. Monasterio de Santa María de la Rábida.
Sabido
es que San Francisco de Asís celebró en Greccio, tres años antes de su
muerte, la Nochebuena de 1223. Con tal motivo escenificó el natalicio divino[1].
Desde entonces en todas las iglesias franciscanas se instala anualmente un
Nacimiento. Muchas lo exhiben todo el año e incluso, en algunas, hay capillas
dedicadas ex-profeso a tan gozoso misterio. Por ello, los frailes menores son
los grandes difusores de la tradición belenista. Esta devoción popular pasó
pronto a conventos de otras ordenes religiosas, sobre todo a los femeninos. En
este sentido el Monasterio de Santa María de la Rábida, en Palos de la
Frontera, no es una excepción. Posee una colección de 18 cuadros sobre la vida
de el Poverello. Todos estos lienzos, procedentes de Écija, fueron
realizados por Juan de Dios Fernández hacia 1795[2].
Entre ellos, uno narra con todo lujo de detalles el hecho histórico comentado.
En
dicha escena se reproduce la adoración del Niño de San Francisco y sus discípulos.
La Sagrada Familia queda respaldada por una monumental arquitectura, de estilo
clásico, cuyas ruinas aluden a la descomposición del paganismo[3].
A ella asoman los animales estabulares cumpliéndose lo que había predicho el
profeta Habacuc: “Te darás a conocer en medio de dos animales” (Hab.
3, 2). En los siglos III y IV los Santos Padres recogen tan bucólica tradición,
recopilada como se sabe, en el Pseudo Mateo. La simbología de estos animales es
ambivalente. Por un lado, son las prefiguraciones de los ladrones, entre los
cuales fue crucificado Jesucristo. Por otro, también se relaciona con los judíos
y los gentiles. El buey -dice San Gregorio de Nisa- es el judío condenado por
la ley; el asno, que es una bestia de carga, lleva el pesado saldo de la idolatría.
La
Virgen, vestida al gusto concepcionista, conforme a la espiritualidad
contrarreformista, se arrodilla ante el pesebre y expone sobre un pañal blanco,
concebido a modo de corporal, al pequeño Jesús, cuya desnudez encierra una
triple valoración simbólica: Nuditas naturalis, temporalis y
virtualis. Representa, pues, el estado natural del hombre recién nacido, la
carencia de bienes materiales y la pureza e inocencia de su persona. Y, al
manifestarse resplandeciente, destaca su naturaleza divina como “Lux
mundi” (Jn. 8, 12). San José como protector de María y Jesús,
aparece en actitud contemplativa. Viste túnica color berenjena y amplio manto
marrón. En su diestra porta la vara de azucenas que alude a su elección como
esposo de la Virgen (Is. 11, 1). Asimismo hay que reparar en la pareja de
querubines que descienden del cielo para adorar al Niño Dios, cantando a toda
voz: Gloria in excelsis[4]. Por último ante la Sagrada Familia se
arrodilla San Francisco, en compañía de otros tres religiosos. Todos ellos
visten el hábito gris azulado, que por un lado recuerda la indumentaria
original de San Francisco, y por otro recuerda el que utilizaron los
franciscanos de la Provincia Bética en defensa de la Inmaculada Concepción[5].
Ha
sido restaurado en 2004, con el patrocinio de CEPSA, por Noelia Melara y
Francisca Borrego.
J.M.G.G.
[1]
GUERRA, José Antonio: San Francisco de Asís. Escritos. Biografías.
Documentos de la época. Madrid,
BAC, 1978. p. 192.
[2]
GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel: El Monasterio de Santa María de la Rábida.
Sevilla, 1997. p. 24
[3]
HALL, James: Diccionario de temas y símbolos artísticos. Madrid,
1987, p. 274
[4]
GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel: El Belén y la Cartuja de Sevilla a fines
del siglo XVIII. Sevilla, 1988. p. 18.
[5]
GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel: La Navidad en las Artes Plásticas de
Huelva. o.c., p. 24.